El fenómeno de la globalización en el mundo no puede considerarse de manera independiente de las estrategias de crecimiento de las empresas y de la planificación económica internacional de los países. En este proceso, los países en desarrollo, al igual que las empresas, necesitan revisar sus estrategias de producción.
En este sentido, los estados-nación inicialmente se centraron en la producción agrícola y luego construyeron un nuevo orden basado en la industrialización. Los países que lideraron la Revolución Industrial se desarrollaron rápidamente y, posteriormente, vendieron las máquinas y repuestos que producían a los países subdesarrollados o en desarrollo, proporcionando capacitación sobre cómo operarlas. En otras palabras, los pioneros de la Revolución Industrial crearon naciones que proveerían mano de obra barata como productores subcontratados o de ensamblaje.
Este proceso no fue negativo, ya que los países que lideraron la Revolución Industrial exportaron producción industrial a los países subdesarrollados, incluso si solo era en forma de ensamblaje o subcontratación, generando empleo para millones de personas y creando nuevas áreas de negocio y subsectores.
Turquía, debido a su proximidad geográfica con Europa, se convirtió en un ejemplo destacado, especialmente en el sector textil. China, por su parte, fue elegida como base de producción subcontratada por grandes productores textiles y tecnológicos, y posteriormente aprovechó el conocimiento adquirido para convertirse en un productor líder a nivel mundial. Por ello, China es considerada el mayor ejemplo de la transición de la subcontratación a la revolución industrial.
Recientemente, ha habido críticas en Turquía respecto a que los grandes productores textiles trasladan sus bases de producción a países como Egipto, Bangladesh y Myanmar. Se cuestionan las políticas económicas, pero primero debemos reconocer que un país que desea crecer no puede continuar indefinidamente como una economía basada en subcontratación y ensamblaje. Si los países persisten en este modelo de empleo y producción, no podrán completar su proceso de desarrollo.
En Turquía, observamos que el sector textil, junto con otras industrias de subcontratación y ensamblaje, está desplazándose hacia lo que llamamos áreas de producción “ligeras en peso, pesadas en valor”. Al mismo tiempo, la mano de obra no calificada está siendo reemplazada por empleados técnicos y capacitados, transformando la producción hacia sectores de mayor valor agregado. La industria de defensa es el mejor ejemplo de esta evolución.
A medida que Turquía descubre más de sus recursos subterráneos y superficiales, seremos testigos del rápido avance industrial en estos sectores. Al procesar nuestros recursos —desde elementos de tierras raras hasta el mineral de boro— podemos lograr un gran salto económico similar al de China. Por supuesto, la formación de equipos técnicos calificados es crucial; sin una gestión adecuada, los resultados podrían ser desastrosos.
Actualmente, Turquía está tratando de adoptar el concepto de “Industria Digital”, realizando inversiones e iniciativas en este ámbito. En esta nueva era, conocida como la Era de la Información, las sociedades y estados que desarrollen experiencia en software, estructuras conscientes y centradas en el ser humano, y la capacidad de leer los mercados globales y aprovechar las oportunidades digitales, ganarán poder, y las fronteras geográficas o mentales desaparecerán. Aquellos que puedan aprovechar estas oportunidades digitales tendrán influencia en el próximo siglo.
Mientras la humanidad produce nuevos valores, los antiguos modelos de gobernanza y las estructuras empresariales están experimentando transformaciones para adaptarse a los mercados en evolución. La Industria 4.0 introducirá una nueva fase, redefiniendo todo. Los países en desarrollo que pierdan esta transición podrían tener que esperar otra oportunidad para crecer y obtener influencia. Para no perder estos procesos, las nuevas iniciativas y estrategias mencionadas anteriormente son esenciales.
En este punto, Turquía ha comenzado a romper este ciclo y a evitar quedarse atrás en la nueva era del cambio. La contribución e influencia del estado turco y de los empresarios en la preparación para esta nueva etapa es claramente visible. Apoyar a las empresas y organizaciones que operan en los sectores de minería, defensa, energía, alimentos y recursos hídricos es de suma importancia. Este enfoque estratégico debe considerarse una responsabilidad fundamental tanto para los individuos como para el país, en relación con nuestro presente y futuro. Tanto inversores como trabajadores deben reconocer que la producción en Turquía está evolucionando, y debemos planificar en consecuencia.










