Las guerras entre Ucrania y Rusia, así como los conflictos en Irán (EE. UU.-Israel), han demostrado que la economía mundial ya no puede sostener la carga de ser gestionada por un único sistema. Las corporaciones multinacionales de capital han estado buscando nuevas rutas durante los últimos diez años, y esta búsqueda se ha acelerado considerablemente a raíz de los acontecimientos recientes. Los países vinculados a diversos bloques en los ámbitos de la economía y la seguridad se han visto obligados a buscar nuevos caminos, surgiendo la necesidad de orientarse hacia una línea independiente y la búsqueda de nuevas alianzas regionales. Las crisis económicas y las guerras a nivel mundial han incrementado los costes en todas partes; debido a este aumento, muchos productores quebraron o comenzaron a buscar nuevas regiones de producción. Se han identificado centros de producción económica y la mano de obra barata ha comenzado a desplazarse hacia el norte de África —estratégicamente ventajoso por rodear el Atlántico y el Mediterráneo— y, en parte, hacia Asia.
En la coyuntura actual, el marco estratégico dirigido unilateralmente por los grandes centros de poder ha perdido su credibilidad, marcando el fin de la era de la potencia dominante. Los gobiernos de países en desarrollo, así como aquellos que poseen capital pero carecen de una población o una posición nacional influyente, han iniciado la búsqueda de una salida a este torbellino. Como resultado, surgirán nuevas búsquedas de poder o alianzas a través de corredores energéticos y logísticos.
Los corredores logísticos y energéticos se han convertido en las áreas más concretas de esta gran transformación. Mientras el sistema europeo y atlántico se disuelve, las potencias y alianzas regionales cobran protagonismo y se establecen nuevas conexiones. Los corredores ya no serán solo rutas comerciales, sino elementos indispensables del nuevo orden mundial.
En este proceso, a pesar de la atmósfera negativa generada internamente, la administración estatal turca avanza rápidamente para convertir a Estambul en un centro financiero mediante su estrategia de construcción e infraestructura, posicionándose además como una sólida base de servicios y comercio para empresas globales a través de los corredores energéticos y logísticos. Mientras se invita a empresas multinacionales a Turquía con el nuevo programa (aunque percibimos por las visitas realizadas que la invitación ya no es necesaria; se ha visto que Oriente Medio ya no puede soportar esta carga, pero quienes no lo ven o no quieren entenderlo deben saber que nuestro país se ha estado preparando estratégicamente durante mucho tiempo como el nuevo centro para el mundo financiero), estas son apoyadas con regulaciones e incentivos integrales. Para atraer las operaciones en el extranjero de grandes empresas e inversores globales a Turquía, se ha creado el modelo de Centro de Servicios Cualificados, que ofrece incentivos para sus ganancias obtenidas en el exterior.
Los enfoques de este modelo incluyen:
Exenciones Fiscales: Dentro del alcance del Centro Financiero de Estambul (IFC), los beneficios obtenidos durante 20 años estarán total y permanentemente exentos del impuesto de sociedades, siempre que las empresas trasladen sus centros de operaciones al IFC.
Alcance Extendido: Por otro lado, esta exención no se limitará a la zona del IFC; incluso si las multinacionales trasladan sus centros de operaciones a una región fuera del IFC, el 95% de sus ganancias obtenidas en el extranjero estará exento del impuesto de sociedades.
Requisitos de Beneficio: La condición para que las empresas que llegan a Turquía bajo el modelo de Centro de Servicios Cualificados se beneficien de las exenciones es operar en al menos tres países diferentes y que al menos el 80% de sus ingresos brutos anuales provengan del extranjero.
En este punto, nuestro país ha comenzado a luchar para romper este ciclo y no quedar atrás en la nueva era de cambio. Destaca notablemente la preparación del concepto de Estado turco y la contribución de los empresarios en este proceso. Es fundamental apoyar a las empresas que operan en los sectores de minería, industria de defensa, energía, alimentación y recursos hídricos, entre otros, junto con la estrategia de convertirse en un centro financiero. Este enfoque estratégico debe ser nuestra responsabilidad fundamental para el presente y el futuro, tanto a nivel individual como nacional. Inversores y trabajadores deben saber que la producción en nuestro país está evolucionando y debemos planificar en consecuencia.
En conclusión, como he señalado en mis artículos anteriores, el mismo proceso continúa. Deseo que todo sea para bien de nuestro país.









