La historia no es simplemente una secuencia de números y acontecimientos cronológicos; es la manifestación de un alma, de una memoria y de una postura ontológica. Hoy, la humanidad es testigo de la tragedia de masas que ni siquiera saben qué les ha ocurrido, buscando respuestas correctas en los laberintos de preguntas equivocadas. Es imposible que los comienzos erróneos den resultados correctos. Las sociedades que no pueden diagnosticar correctamente sus propios problemas y se ven privadas de una vanguardia intelectual y política están, por desgracia, condenadas a ser arrojadas al borde de callejones sin salida. Turquía y la geografía islámica a la que pertenece llevan dos siglos experimentando una grave sacudida ante la violencia epistémica y ontológica de la modernidad occidental. Esta sacudida no es una simple experiencia de "modernización" o "renovación"; es el desastre del desarraigo, del secado de las raíces espirituales y, en última instancia, de enfrentarse a la amenaza de la "Andalusización", es decir, la extinción total.
El periodo que comenzó con el Tanzimat no fue una orilla de salvación, como se ha afirmado, sino un escenario para hacer que estas tierras se enamoraran de su propio verdugo. Percibir el colonialismo y el imperio globales impuestos al mundo por la civilización occidental bajo el nombre de modernidad como una etapa obligatoria de "progreso" es la mayor ceguera intelectual de este siglo. Esta visión del mundo, que deifica al ser humano y convierte a la ciencia, la política y la economía en iglesias paganas, ha dejado a su paso masacres, violaciones y genocidios mientras ocupaba el mundo por tierra y mar. Este choque no pudo ser previsto ni contrarrestado filosóficamente por el Imperio Otomano; hoy, la humanidad se ha visto sorprendida totalmente desprevenida ante el seductor y tentador mundo de la posmodernidad sin haber descifrado siquiera los códigos filosóficos de la modernidad.
"Destruir una civilización en una noche": La abierta confesión de genocidio de Occidente
La mente imperialista —que ocupó Afganistán e Irak declarando "Esto es una Cruzada" después del 11 de septiembre, masacró a cientos de miles de personas y convirtió nuestra geografía en un laboratorio para organizaciones terroristas— ha alcanzado hoy la cumbre de su petulancia e insolencia. Estados Unidos, e Israel —una red genocida esquizofrénica que incendia la región a través de las manos de EE.UU.— lanzan abiertamente amenazas globales. La frase "Esta noche veremos la muerte de una civilización" no es una amenaza de guerra ordinaria. Esta frase es la manifestación de un subconsciente pagano y bárbaro, una audacia para destruir una memoria de tres mil años y miles de años de patrimonio humano en una sola noche mediante la aniquilación nuclear.
Las armas de destrucción masiva en manos de líderes que carecen de equilibrio, de derecho internacional y de cualquier sentido de la humanidad representan hoy la amenaza más primaria y letal para el mundo entero. Los alto el fuego temporales declarados no bastarán para satisfacer el apetito de esta barbarie; porque el complot se trama en Tel Aviv, se ejecuta en Washington, y los países de la región son arrastrados impotentes a este vórtice. Sin embargo, se pasa por alto una ecuación fundamental: cuando la represalia por una locura nuclear golpee a las estructuras cuya existencia ilegítima depende enteramente de la explotación de la región, ni esa red ni esas bases coloniales quedarán en pie.
El colapso del cálculo del poder y la alineación regional
In este proceso, todas las matemáticas del poder y los supuestos arrogantes del imperialismo se han derrumbado. Los países del Golfo se han enfrentado a la cruda realidad de que sus relaciones de décadas bajo el nombre de "alianza" en realidad no eran más que actuar como gendarmería para Israel y pagar tributos. Occidente no tiene la intención de proteger a sus propios aliados ni la capacidad de sostener un poder global por sí solo. Hoy en día, EE.UU. se está convirtiendo en una entidad egoísta, aislada y distanciada que se enfrenta incluso a la OTAN, a Europa y a sus socios en Asia. El periodo de declive para Europa y de decadencia para Occidente ha comenzado oficialmente.
Por otra parte, las antiguas fuerzas de la geografía han demostrado que no se doblegarán a pesar de todo tipo de presiones y que pueden destrozar el arrogante monopolio del poder colonial. Lo que hay que hacer ahora es que los países de la región se den cuenta de la riqueza, del arma geográfica y de las oportunidades geopolíticas que poseen. El futuro del Golfo y de Oriente Medio no está bajo el paraguas sangriento de Occidente, sino en el descubrimiento de su propia existencia y de sus propias raíces espirituales.
El Eje de Turquía: Construcción de un nuevo poder en el centro de la geografía
Estamos ante el umbral crítico de una era en la que la historia fluye a su velocidad máxima y todo el cálculo global basado en el poder se restablece a cero. En esta era de caos en la que no quedan mecanismos internacionales para limitar a los estados, Turquía debe convertirse en el centro de la geografía y en el nuevo poder emergente. El mismo día en que los matones imperialistas gritaban sus amenazas de catástrofe nuclear, el clamor del liderazgo de Turquía declarando: "Solo dependemos de nuestra propia fuerza", no fue una frase pronunciada al azar. Esta postura es la hoja de ruta global del "Eje de Turquía" y declara a dónde conducirá el salto económico, militar y estratégico al final de la tormenta.
No debe olvidarse que: Toda la historia de Occidente no equivale a una sola Bagdad, Damasco o El Cairo. La historia, la memoria y la acumulación de civilización de cualquier nación en esta geografía no es tan corta, superficial y desarraigada como la vida total de EE.UU. e Israel combinados. La historia selyúcida y otomana por sí sola es mayor que la totalidad de esta arrogancia bárbara. La respuesta del siglo XXI a la insolencia de quienes no tienen historia que vestir cuando se resta a los musulmanes y a los turcos de Europa, y que aun así amenazan con destruir civilizaciones de tres mil años en una sola noche, será muy clara y muy amarga.
Contra la manada de hienas que atacan nuestras ciudades, nuestra memoria y nuestro futuro con una arrogancia inflada, debe señalarse lo siguiente: No se puede construir un futuro poniéndose bajo la protección de otra persona o rogando clemencia al verdugo. El futuro se establecerá sobre nuestros propios valores de civilización, con una voluntad de hierro inquebrantable y de acero. La historia fluye en esta dirección; hoy es el momento exacto para cerrar filas, fortificar nuestra fuerza y estar listos para el gran despertar.









