El siglo XX fue la época más dramática para el mundo islámico, una era en la que no solo se perdieron territorios políticos, sino en la que se libró una guerra campal por la supervivencia absoluta. Occidente, con el fin de ocultar su apetito colonialista, se vistió con la máscara de los "valores universales" y la "civilización", iniciando un ataque implacable bajo la falsa promesa de progreso para los países del tercer mundo. A finales del siglo XIX, el debilitamiento administrativo y militar de colosales imperios islámicos como el mongol, el safávida y el otomano despertó la voracidad de la Europa imperialista, abriendo el camino para su plan de fragmentar la geografía islámica en "microestados nacionales digeribles".
Esta campaña de invasión global no fue un mero despliegue militar. Los colonizadores, orientalistas y misioneros cristianos tacharon al Islam de ser una "prolongación de la mentalidad medieval", responsabilizando a la fe de los propios musulmanes de su situación de atraso. Se le dictó al mundo islámico que no lograría recuperarse a menos que aceptara ideologías occidentales tóxicas como el modernismo, el secularismo, el socialismo, el materialismo y el liberalismo. En otras palabras, la bestia atacó directamente al corazón, al alma y a la memoria del Islam.
De las Líneas de Defensa a la Salvaguardia del Islam
Ante este colosal desafío, numerosos intelectuales musulmanes asumieron la responsabilidad de erigir formidables líneas de defensa para proteger las raíces de la fe de su sociedad. Algunos confrontaron a Occidente utilizando sus propios argumentos para liberar a los musulmanes de su complejo de inferioridad, mientras que otros sacrificaron sus vidas intentando demostrar la validez y vitalidad de la cosmovisión islámica en el mundo moderno.
Hoy en día, la población musulmana que se ha establecido en Europa y América del Norte a través de las olas migratorias se enfrenta exactamente a la misma lucha. La preocupación por preservar la fe de las segundas generaciones, nacidas y criadas en el entorno secular y seductor de Occidente, hace imperativo que la visión del mundo que ofrece el Islam sea proclamada nuevamente en un lenguaje universal.
El ejemplo más nítido, firme e intransigente de esta lucha por la existencia es Bediüzzaman Said Nursi. Sus ideas constituyen una fortaleza de acero frente a los planes de un Occidente implacable y sus colaboradores locales, quienes buscaban despojar a los musulmanes del Islam, neutralizar sus creencias e imponer una occidentalización y un laicismo radicales.
En el mismo siglo, los pensadores egipcios Muhammad Abduh y Sayyid Qutb experimentaron sufrimientos similares, pagando el precio con prisiones y exilios. Sin embargo, sus métodos para preservar a la comunidad (Ummah) fueron distintos:
Muhammad Abduh buscó la solución en la educación y en una renovación racional que intentaba conciliar el Islam con la ciencia moderna.
Sayyid Qutb defendió que la salvación solo sería posible recuperando el poder político de manos de los impíos que lo habían usurpado e instaurando un sistema islámico absoluto.
Bediüzzaman Said Nursi, por su parte, abordó el problema desde la raíz más fundamental: "Una persona a la vez en cada época". Manteniéndose alejado de las disputas políticas y las olas revolucionarias, colocó al individuo en el centro del Corán y la Sunnah. Su receta de salvación se basa en la fe verificada (tahqiqi), es decir, en que el ser humano viva consciente, en cada instante, de que se encuentra ante la presencia de Dios.
Los tres intelectuales, en sintonía con el espíritu del siglo XX, se enfocaron directamente en el mensaje del Corán. A diferencia de las exégesis clásicas, dejaron de lado los detalles gramaticales para ofrecer recetas coránicas ante las crisis sociales, económicas y culturales de la era moderna. La obra Risale-i Nur no repara una grieta cualquiera en la fortaleza del Islam; repara, con argumentos colosales como montañas, el corazón colectivo, la mentalidad común y la fe tambaleante que pretendían ser destruidos por las embestidas de la incredulidad acumuladas durante mil años.
Enfrentar a la Bestia: La Realidad de las Dos Europas
Said Nursi descifró con absoluta claridad el rostro sombrío del positivismo, el materialismo y el secularismo que apuntaban contra el Islam. Rechazó la imposición occidental de estándares globales y defendió que la mayor fuerza contra el imperialismo es la formación de un núcleo de individuos que organicen su vida diaria en torno al Corán.
Él dividía a Europa en dos:
La Primera Europa: Aquella que produce ciencia y tecnología útiles para la humanidad, y que sirve a la justicia y a la equidad inspirada por la luz del verdadero cristianismo (las enseñanzas originales de Jesús).
La Segunda Europa: Aquella corrompida por las oscuras enseñanzas del positivismo y el materialismo, que considera los pecados de la civilización como virtudes y arrastra a la humanidad hacia el libertinaje, el extravío y una filosofía dañina.
Nursi exclamó con severidad esta verdad directamente en el rostro de esta segunda Europa tiránica:
"¡Oh, segunda Europa! Sabe que con tu mano derecha sostienes una filosofía enferma y desviada, y con tu mano izquierda una civilización dañina y corrompida, pretendiendo que 'la felicidad de la humanidad depende de ambas'. ¡Que se rompan tus dos manos y que estos dos regalos inmundos se vuelvan contra ti, como de hecho se volverán!"
La civilización occidental es un falso mago que ofrece un paraíso ilusorio al cuerpo mientras el corazón y el alma padecen un tormento infernal. Este genio, tuerto como el Deccal (Anticristo), ha rebajado a la humanidad al grado más bajo de la animalidad; y como remedio para esta inmensa enfermedad, solo ofrece juguetes seductores, pasiones adormecedoras y fantasías pasajeras.
Los Cimientos Podridos de Occidente y el Estudiante del Corán
La civilización europea no puede ser un modelo para los musulmanes porque sus cimientos están podridos. Según la mentalidad occidental, la vida es una "lucha por la supervivencia", lo que fomenta la hostilidad, el racismo y la explotación entre los seres humanos. Al rechazar la ley divina de la "ayuda mutua" (muavenet), la filosofía occidental produce un monstruo egoísta e insaciable.
El ser humano moldeado por esta filosofía es un Faraón: un ser humillado que idolatra todo aquello que le reporte un beneficio, capaz de besar los pies del demonio por un interés mezquino, y un tirano arrogante que, al carecer de un punto de apoyo en su corazón, es en realidad sumamente débil.
Por el contrario, el estudiante del Corán es siervo únicamente de Dios y jamás se inclina ante nadie más. Es un héroe humilde que no se rebaja a la sumisión ni siquiera ante los gobernantes más poderosos. Obtiene su fuerza del Todopoderoso (Al-Qadir); su corazón es puro y su horizonte es claro. Mientras la filosofía occidental incita al hombre a enemistarse con su hermano y a codiciar todo para sí mismo, la sociedad coránica construye un alma noble que hace vivir al individuo para su hermano, aspirando a la felicidad de ambos mundos.
Occidente intentó dividir y devorar a la comunidad islámica sembrando las semillas del nacionalismo negativo y el racismo. Lamentablemente, los pueblos musulmanes, enfrascados en disputas internas, no pudieron ver a las bestias occidentales que se alimentaban de su discordia para succionarles la sangre. Sin embargo, el Islam rechazó este racismo remanente de la época de la ignorancia (Jahiliyyah) y lo sustituyó por la sagrada hermandad islámica.
La Receta Cósmica del Exilio y la Sumisión: Fe, Confianza en Dios y Paciencia
Hoy en día, los inmigrantes musulmanes que viven en Occidente, aun gozando de prosperidad material, lidian con una profunda sensación de alienación, exclusión y soledad. Para quienes se encuentran atrapados entre el racismo cultural y la asimilación, la vida de aislamiento y exilio de Said Nursi en las montañas representa una guía extraordinaria. En las cumbres, en los momentos más oscuros de la soledad y el destierro, él transformó su aislamiento en un "círculo de comunión y paz" a través de su sumisión absoluta a Dios. Cuando su corazón se angustiaba, se refugiaba en estos versículos:
"Dios nos basta, y ¡qué excelente guardián es!" (Al-Imran, 173)
"Si se apartan, di: Dios me basta. No hay más divinidad que Él. En Él me encomiendo..." (At-Tawbah, 129)
La receta que Nursi ofrece al mundo y a la humanidad es clara: Fe (Iman), confianza absoluta en Dios (Tawakkul) y paciencia (Sabr). La fe no es una mera aprobación intelectual rutinaria; es la obtención de una fuerza capaz de desafiar al universo entero. Un creyente que alcanza la fe verdadera puede navegar con serenidad sobre las tormentosas olas de la vida.
Lo que empuja al ser humano a la indecisión y agota su paciencia, dispersándola entre las heridas del pasado y las ansiedades del futuro, es la ilusión de que este mundo es eterno. Sin embargo, la postura más noble ante la adversidad no es la queja, sino el agradecimiento. La desgracia crece cuanto más importancia se le da; pero disminuye y desaparece cuando se minimiza y se confía en Dios. Los versos que Nursi exclamó dirigiéndose a su propia alma representan la cumbre más alta de la sumisión:
"Cesa ya tu lamento, desdichado, y en la desgracia confía en Dios. Pues sabe que el lamento es una desgracia dentro de la desgracia, y un grave error.
Si has hallado a Quien envía la prueba, sabe que esa prueba es delicia pura, fidelidad pura y un regalo divino."
La Verdad que Convencerá al Mundo: La Victoria Absoluta del Islam
"¿Quién que haya perdido a Dios ha encontrado algo? ¿Y quién que lo haya encontrado ha perdido algo?" Quien encuentra a Dios lo ha encontrado todo; pero quien lo pierde, no obtendrá más que desgracia y perdición.
A lo largo de la historia, comenzando por los profetas y en especial por su líder, el Profeta Muhammad (s.a.v.), las fuerzas de la guía (Hizbullah) han parecido ser derrotadas temporalmente por los focos del mal y los aliados del demonio (Hizbushshaytan). No obstante, esto forma parte de la sabiduría del mundo como un escenario de prueba. La victoria transitoria de la falsedad y del extravío no se debe a que tengan razón, sino a que su camino se basa en la destrucción, la demolición y el engaño. Destruir es fácil y requiere poca fuerza; pero la victoria final siempre pertenecerá a los constructores, es decir, a la verdad. "La verdad prevalecerá, y nada podrá impedirlo."
El mundo islámico, e incluso la humanidad entera, necesita hoy de esta verdad. Dios promete una victoria absoluta a los creyentes. El clamor coránico de "No temáis" no es una promesa vacía; es una declaración divina de que la luz del Islam se extenderá desde los mares de oriente hasta los mares de occidente.
Occidente y su civilización materialista están preñados; tarde o temprano vomitarán las inmundicias de su interior y se rendirán ante las verdades del Islam. Nuestro deber es no dejarnos engañar por los falsos destellos de Occidente, apoyarnos con total confianza en un Dios que es más poderoso que cualquier alianza del mal, y proclamar al mundo esta inmensa visión de la civilización islámica a través de nuestras vidas. ¡No debe olvidarse que Dios jamás falta a Su promesa!









